La propaganda expuesta en la entrada reza: Capitol of the Capital of the World. La entrada al edificio es majestuosa, un gran espacio totalmente cubierto, suelo y paredes, con un suave mármol beige y un precioso mosaico del edificio en la pared frontal, todo estilo “Art Decó”. Me sentí pequeña al entrar, cansada, cargada de bolsas con regalos, bolsas que había arrastrado por la quinta, hasta llegar allí. Había poca gente, normal, el día no acompañaba, nubes negras surcaban el cielo de Manhattan. Una suerte de cintas separadoras surcaba la siguiente sala, había que recorrer el camino que ellas marcaban, aunque no hubiese nadie. De pronto, por fin, un ascensor y más pronto aún estaba en el piso número 80. Parada turística para la foto de turno, que no me hice por supuesto, y de vuelta la ascensor. Piso número 102: hacía mucho frío y viento cuando salí al exterior, más el escalofrío en mi interior. Agarrada a aquellos barrotes y mirando hacia todos lados, me sentí de nuevo muy pequeña, pequeñísima y también emocionada, tantas pelis… Pero de todos modos que vista! También me sentí sola y me acordé de la gente a la que quiero, incluso llegué a sentir su susurro en mi oreja que me decía: Raquel, mira! Ponte ahí que te hago una foto! Como desee que estuviese allí conmigo, pero no porque estuviese sola sino para que sintiese lo mismo que yo. La estatua de la libertad se dibujaba al fondo, casi sólo unas líneas entre niebla, allí la saludé y me despedí de ella.
Darío — 07-05-2006 12:06:14