El otro día hice un viaje en coche que tengo por seguro que recordaré durante mucho tiempo. Volvíamos de una barbacoa, había sido agradable. Ya intuía que el viaje de vuelta sería complicado, nubes negrísimas se acercaban a nosotros, pero no imaginé toda la historia. No llevábamos ni 5 minutos de travesía, cuando nos encontramos con un accidente de tráfico que acababa de ocurrir. Dos coches ya habían parado y tres chavales nos instaban a parar. Mi compañera se quedó con sus hijos, y su marido y yo salimos del coche y empezamos a acercarnos. Me preparé para encontrarme cualquier cosa, que poco tardé en llegar a aquel coche destrozado y que de cosas pensé mientras tanto. Pensé que el coche podría explotar y temí por mi y por todos, pero también supe que tenía que prestar ayuda pasase lo que pasase. Pensé que tal vez habría una carnicería y sí podría estar a la altura de las circunstancias. Me cruce con los dos chicos del coche parado a unos metros y que circulaba en nuestra dirección. Pude ver el miedo en sus caras, en sus miradas. Uno tenía el móvil en la mano, pero estaba como ido. No podían llamar, no tenían cobertura. Después, pensando en la situación del accidente estoy casi segura, de que aquellos chicos o bien casi esquivaron al coche accidentado, que invadió su carril, o vieron como el coche se cruzaba y se empotraba contra una señal de tráfico en la cuneta. La mirada de esos chicos solo reflejaba la certeza de que si hubieran circulado solo unos kilómetros más rápido, ese coche se hubiera empotrado contra ellos. Me acerqué al copiloto del coche accidentado que estaba consciente, le pregunté como estaba pero no respondió, el marido de mi compañera preguntó por el piloto y el otro chaval (de los tres que allí estaban) respondió que estaba desmayado pero tenía pulso. Fui hacia el piloto para interesarme por él, pero no llegué, me temblaban las piernas. Me sentí mal, pero me di cuenta que solo estaba estorbando y me aparté. Efectivamente, estaban los dos borrachos, situación muy probable dada la ubicación del coche. El marido de mi compañera finalmente se quedó a esperar a la ambulancia para no dejar que se durmiesen los heridos. Tras eso la granizada que nos cayó encima, el alboroto de los niños asustados, la carretera que no se distinguía con tanta agua y granizo, el Raquel pon el dedo en la luna para que el cristal no se rompa y los charcos enormes que apunto estuvimos de quedarnos varados. Si bebéis no conduzcáis, por favor.
José Luis — 05-05-2006 14:15:56
Raquel — 05-05-2006 17:43:23
Darío — 07-05-2006 12:15:22
danirmartin — 10-05-2006 01:39:12
Raquel — 12-07-2006 21:21:31