Málaga, estadio de La Rosaleda, 10:30 de la noche. Decidimos ponernos en el césped, en las gradas nos pareció que aunque lo veríamos mejor, iba a resultar más frío. Sabía que tendría problemas para ver y así fue. No veía nada, un dolor de cuello y gemelos importante, que lástima que la naturaleza no me regaló 10 centímetros más. Ni las pantallas alcanzaba muchas veces a ver, pero no importaba demasiado. En la oscuridad la gente enloquecía y con la música se dejaba llevar. Miles de flashes inundaron mis alrededores cuando el telón se abrió y el escenario se iluminó. Allí estaba ella, yo salté y salté hasta que la conseguí ver así, pequeñita. Después canciones estupendas, como si te vas, inevitable, estoy aquí, la tortura y ojos así:
Viajé de Bahren hasta Beirut
fuí desde el norte hasta polo sur
y no encontré ojos así
como los que tienes tú
Y esa manera de moverse, tengo que aprender a bailar la danza del vientre, jeje. En un poco menos de dos horas, ella se despidió con la canción de moda en la radio, las luces se volvieron a encender y todo volvió poco a poco a la normalidad. Lo mejor vino después del concierto, mis ojos se cerraron contemplando el puerto de Málaga desde un piso quinceavo, a través de unos grandes ventanales. En esa zona entre el sueño y la vigilia, vi a un niño contemplando un puerto durantes horas, mientras hacia correr cochecitos por el filo de la ventana. Dormí y soñé arremolinada con ese niño, contándole que si yo viviese allí también me llevaría horas contemplando los barcos, escuchando las gaviotas y sintiendo la brisa del mar en mi cara. Shakira también andaba por allí, jugando con nosotros, seguro. Un final precioso.
laura — 11-07-2006 18:56:39
Darío — 11-07-2006 21:09:56